Víctor y yo llevábamos tanto tiempo hablando que la tensión estaba por las nubes, y por fin conseguimos encontrarnos. El beso fue tan jodidamente bueno que no pude dejar de sonreír. Tuve que contenerme para no correrme como tres veces, pero al final, no pude resistirme y lo dejé con el culo chorreando. Maldita sea, este chico tiene un agujerito tan dulce.